A los sistemas sanitarios de todo el mundo se les exige hacer más con menos: mientras la demanda aumenta, la plantilla sigue al límite y el coste de la asistencia no deja de subir. El análisis de costes es la clave que permite a las organizaciones líderes tomar por fin las riendas de la situación.
El gasto sanitario nacional de EE. UU. alcanzó los 5,3 billones de dólares en 2024, lo que supone aproximadamente el 18 % del PIB. En los países de la OCDE, la sanidad representa alrededor del 9,3 % de la producción económica. Incluso pequeñas mejoras en la forma en que se gestiona y se distribuye el gasto pueden liberar un potencial significativo. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones sanitarias disponen de datos fragmentados: archivos de la oficina de pagos, informes de distribuidores, documentación de grupos de compra y carpetas de contratos acumuladas a lo largo de los años. Los informes tradicionales le indican cuánto ha gastado. No le indican dónde están las oportunidades reales, ni cómo aprovecharlas sin alterar la atención sanitaria. Esa brecha es donde entra en juego la inteligencia de costes. A diferencia de los recortes de costes indiscriminados, la inteligencia de costes conecta la visibilidad del gasto con la experiencia en categorías y el contexto clínico, lo que permite a los líderes priorizar, validar y actuar sobre las oportunidades adecuadas en el momento oportuno. Los especialistas en atención sanitaria de ERA Group han trabajado en hospitales, centros de salud comunitarios (FQHC), centros de cuidados de larga duración, centros de cuidados paliativos, grupos de médicos y redes de salud comunitarias. Su visión es clara: la atención sanitaria parece un único sector vertical desde fuera, pero es una cartera de subsectores verticales, y la forma de optimizar el gasto en un centro de salud comunitario no es la misma que en un centro de cuidados paliativos, una red de servicios de laboratorio o un grupo de urgencias.Este informe técnico analiza dónde se esconden más comúnmente los costes en la asistencia sanitaria —desde consumibles clínicos y artículos de preferencia médica hasta alquileres de equipos médicos duraderos (DME) y acuerdos de compras agrupadas (GPO) infrautilizados— y cómo el enfoque de ERA saca a la luz y aprovecha esos ahorros sin comprometer los estándares clínicos ni las relaciones con los proveedores.

En este informe técnico encontrará: un análisis detallado del panorama global de los costes sanitarios y las presiones estructurales que lo impulsan; una visión sincera de por qué a los equipos internos les cuesta lograr ahorros de forma sostenible; ejemplos concretos de dónde se esconden los costes en las categorías clínicas e indirectas; estudios de casos reales que abarcan centros de salud comunitarios (FQHC), cuidados de larga duración, cuidados paliativos, proveedores de diagnóstico y grandes grupos privados; y un marco práctico para separar lo que es clínicamente innegociable de lo que se puede estandarizar o renegociar con seguridad. Los especialistas en atención sanitaria de ERA no vienen a aplicar recortes drásticos en los gastos. El objetivo es la visibilidad y la alineación: proteger lo que es clínicamente esencial al tiempo que se hace que todo lo demás sea más coherente, más transparente y más asequible.¿El resultado? Ahorros tangibles que pueden reinvertirse directamente en la atención al paciente, la capacidad y la mejora de la calidad, sin alterar las relaciones clínicas ni las colaboraciones con proveedores que más importan.
La presión sobre los sistemas sanitarios es global, pero la realidad operativa es local —y cada vez más compleja—. Solo en Inglaterra, la lista de espera para la atención programada ascendía a 7,3 millones de casos de RTT (desde la derivación hasta el tratamiento) a finales de diciembre de 2025.

Los especialistas en atención sanitaria de ERA no vienen a aplicar recortes drásticos en los gastos. El objetivo es lograr visibilidad y coherencia: proteger lo que es clínicamente esencial y, al mismo tiempo, hacer que todo lo demás sea más coherente, más transparente y más asequible. ¿El resultado? Ahorros tangibles que pueden reinvertirse directamente en la atención al paciente, la capacidad y la mejora de la calidad, sin alterar las relaciones clínicas ni las colaboraciones con los proveedores que más importan.
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